crianza

Estilos de crianza y el comportamiento prosocial en los hijos

Una investigación bibliográfica de Carlos Chicaiza Salazar, estudiante; y Karina Rojas Carrión, docente de la carrera de Psicopedagogía de la Universidad Nacional de Loja.

El acto de ser padres resulta complejo, cuando inicia el rol de padre o madre de familia, existe la necesidad de aplicar un estilo de crianza a los hijos, esto con la finalidad de establecer normas de convivencia en el hogar, muchas veces se establecen estilos de crianza inadecuados que terminan perjudicando a los hijos. Cuando se es padre, no existe la certeza de cómo ser un buen progenitor, todos aplican su crianza desde el umbral de su propia experiencia y conocimiento, cuando corregimos desde el desconocimiento jamás vamos a tener la certeza de si las acciones disciplinarias aplicadas son las adecuadas.

Debemos tener en consideración todos estos factores, ya que los niños tienden a ejercer el modelado sobre sus figuras de apego (papá, mamá etc.), es decir los niños no pueden discernir si las acciones de sus padres son acertadas o no, simplemente replican esas conductas las cuales se ven manifestadas ante determinados eventos que evocan comportamientos particulares.

En referencia a la teoría del aprendizaje social de Bandura, Zupiria (2006) señala que “La mayoría de conductas, actitudes y temores las hemos aprendido en nuestro entorno social por observación. (p. 42)”, esta teoría denota la influencia del ambiente en las interacciones sociales, las mismas que fomentan desarrollo cognoscitivo, es decir, se generan conocimientos por medio de la interacción, en efecto los niños modelan a sus padres con conductas adaptativas o desadaptativas, estas respuestas conductuales no son más que el producto del estilo de crianza aplicado por su familia.

Los estilos de crianza se clasifican en; autoritario, permisivo, negligente y democrático, los tres primeros hacen alusión al desequilibrio, disfuncionalidad, crítica, rechazo y castigo hacia los hijos; el democrático es el más recomendado, dado que fomenta una conducta adaptativa a nivel social, demuestra independencia, autoestima y autonomía, además se fortalece la empatía y generosidad con los demás, se establecen vínculos de convivencia de forma espontánea; sin duda estas habilidades sociales son trascendentales porque somos seres sociales y debemos enfocarnos en cómo establecer relaciones saludables dentro de todos los contextos ya sea familiar, escolar, laboral, entre otros.

Las conductas socialmente aceptables, son estimuladas desde un principio por la familia, según se ha visto, la conducta prosocial es cualquier tipo de comportamiento voluntario que se encuentre destinado ayudar a una o más personas, este tipo de conducta induce a realizar acciones de connotación altruista sin la necesidad de que alguien se lo pida ya que es un acto sumamente natural y surge de la espontaneidad al querer compaginar con los demás.

El comportamiento prosocial derivado del estilo de crianza democrático es proactivo, dentro de cualquier ámbito social, ya que brinda la posibilidad a las personas de compaginar de forma más profunda basado en las necesidades del sujeto, este tipo de relaciones se constituyen en base de emociones y sentimientos compartidos, mediante amistades y relaciones de confianza como el compañerismo, amistad o lazos familiares;,

debemos ser conscientes sobre el rol que desempeñan los estilos de crianza en la vida social de los hijos.

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